

Era un 5 de junio de 1982, muchos jóvenes se graduaban del colegio, hacían tremendas fiestas, como comúnmente se dice “se votaba la casa por la ventana”.
Un barrio muy unido, muy alegre y muy chismoso era el “barrio Fátima”, era completo, no le faltaba nada, su iglesia, su gente alegre, colaboradora, respetuosa y también chismosa, problemática y no podía faltar que sea un barrio tenebroso y asustador, en fin un barrio completo, como Dios manda.
Había una casita de color beige, con rejas cafés, una casa que visiblemente era grande, con unos ventanales brillantes, y un jardín esplendoroso, ahí vivía la familia dorado, que en general era la más querida por el barrio porque ellos eran los de las fiestas buenas, sin ninguna complicación terminaban temprano a las seis de la mañana pero del otro día, eran exquisitamente deliciosas las fiestas, no solo por el baile, sino también por la comida que daban.
Don Luciano, un abuelito que a su edad de 70 años era agraciado, buen mozo, sin perder tanto tiempo, dos días antes del acontecimiento de la graduación de su nieta, fue puerta a puerta entregando las invitaciones, y les recordaba que no olviden sus regalos, grandes y pomposos, porque su nieta los estaba esperando, claro está sin ningún interés a sus queridísimos invitados.
Así llego el día de la graduación de Helena, la hija de don Alberto, a el no le importaba gastar y gastar dinero, solo para ver feliz a su hija, así que ese día tan especial, lo quería celebrar con todas las de la ley, con bombos y platillos, y con guaro incluido… toda la familia estaban sentados mirando como desfilaba helena con su toga, muy elegante y creída por su título de bachiller, lagrimas corrían por los rostros de sus abuelos y familiares, todos eufóricamente aplaudían cuando ella recibe y muestra orgullosamente su diploma, ya querían abrazarla y felicitarla por el primer triunfo conseguido, además de eso querían salir rápido para ir a bailar, comer a la fiestesota que habían organizado para ella… se dispusieron a ir ya para la fiesta, esa casa iba a reventar de tanta gente que había, hasta en la entrada y el jardín de la casa había gente, unos sentados, otros comiendo y los demás bailando y tomando unas copas.
Helena sin peros, ni interrupciones coge a su parejo, lo levanta de la silla y empieza a bailar, música de pastor López entona a la fiesta, cada uno con su botella brindando por la recién graduada, ninguno se quedaba sentado, porque el que se quedaba sentado, en el momento en el que servían la comida se la quitaban, por ser aguafiestas y también por el hambre que les dejaba bailar tanto.
En esa fiesta estaban todas las familias del barrio Fátima, empezaban por los zaramas, ocho integrantes eran los más tacaños, tenían un dineral, encopetados llegaron, con las manos vacías, no les gustaba bailar así que a ellos les quitaban su comida por ser aguafiestas, también llego la familia Guerrero, eran 6, les gustaba ir a los grupos de oración, eran muy creyentes pero a la vez empataban por ser los más pillines y coquetos del barrio, llegaron los bolaños, siete eran los integrantes era una familia muy recatada pero humilde, que entre sus gustos les gustaba bailar y gozar pero recatadamente, los Astorquizas, 8 eran los médicos, todos con su medicina al flote, era la carrera de la familia, les gustaba bailar mucho, comer sanamente, alegres pero muy solicitados por la gente, los Burbanos, increíblemente vivían once en esa casa, ocho hombres y tres mujeres, los hombres eran los más apuestos del barrio, lastimosamente tres de ellos muy tomadores y mujeriego pero igual era una familia de puro goce, relajados como ellos nadie, la plata les caía del cielo, no se preocupaban por nada, entre copa y copa Vivian, Echando paso de un lado a otro disfrutaban sin temer a nadie, así estuvieran entre borracheras y borracheras conquistaban los corazones de toda mujer bella así que en todo sentido les marchaba bien, los Pereiras también muy gozones de la vida, eran ocho cuatro mujeres y cuatro hombres, disfrutaban cada fiesta en que los invitaban , en particular era una de las familia ricachonas del barrio, tenían dinero hasta por los codos, no eran tacaños más bien eran muy derrochadores y los regalos que ellos daban eran increíbles, asombradores y muy pero muy caros, las Gómez, eran las mujeres del barrio eran siete , de todas las edades, desde muy pequeñas hasta ya adultas, bellas ellas con su hermoso pelo, sus figuras esculturales, caras de muñecas, y ojos impactantes, todos los hombres del barrio querían conquistarlas como sea, pero su madre Antonia las protegía demasiado, así que para ellos era muy difícil cortejarlas; habían muchas más familias pero estas eran las que daban de que hablar.
En tal caso, pablo uno de los Burbanos mas mujeriegos y cotizados por aquel barrio, amaba y adoraba a su novia helena, estaba muy feliz porque ella ya había recibido su diploma de bachiller, bailaban y disfrutaban mucho la fiesta, hasta que una de las Gómez, Rosa María la mejor amiga de helena, ella descaradamente aprovechaba y coqueteaba cuando helena se iba a recibir a los invitados, o a servir los tragos, pablo no era bobo, el también aprovechaba mientras ella no estaba para coquetearle a María, eran tan hipócritas los dos, que no pensaron en lo que les podía pasar ni que consecuencias y dolor iban a causar.
Esta fiesta parecía que no iba a tener fin, cada vez aumentaba la gente y más calor había, la música y el trago empezaron a ser los protagonistas de esta fiesta, ya ninguno se quedaba sin bailar, los astorquizas, bolaños, zaramas, guerreros etc, estaban entonados que no les importaba ya nada, si se perdía su abolengo, su finura se perdió en aquella fiesta, más unidos que nunca, bailaban derrochando trago, cuetillos, sirenas, volcanes prendían por tal dichosa celebración, era más que perfecta.
Las demás Gómez iban por cada lugar de la casa, orgullosas por lo que tenían, sus figuras y sus caras tan bonitas, bailando y a la vez coqueteando con los más jóvenes de la fiesta a ver si pescaban algún médico, o algún buen mozo adinerado, cada pareja con su baile tun tun, a todo volumen la música de pastor López, a todo brazo extendido brindando ya no por la graduación de helena, sino por la única fiesta en que todas las familias no había sacado a relucir su abolengo ni su riqueza ni su pobreza, mas bien ya estaban festejando que por fin las familias se querían y unidas todas en una sola reunión habían enlazado nuevas amistades y quereres…
En la cocina, Rita la abuelita de helena, estaba con tres pequeños niños ella sentada en una sillita y ellos alrededor escuchando atentamente la historia de su amor, con Luciano, preferían estar con ella, porque por allá en la fiesta estaban siendo ignorados y pisoteados porque los grandes no dejaban de bailar, así que Rita termino de contar tal historia tan hermosa y enamoradiza, tenía ya sueño, así que decidió tomar una siestecilla, los niños no querían dejarla porque de ahí no sabía ya más que hacer, así que quisieron irse a la calle a jugar un rato haber si ya se hacía de día para poder ir a dormir, pero la abuelita Rita dijo exaltadamente que no debían salir a esas horas de la madrugada, que era peligroso porque algún roba chicos se los podía llevar y que nunca podía regresar, se quedaron viendo unos a otros a ver si salían o no, la abuela les volvió a decir que si no querían regresar más bien podían salir y quedarse por lo menos diez minutos afuera por que mas no podían estar , ya que rápidamente llegarían y se los llevarían, los niños asustados con este segundo llamado de atención de la abuela se quedaron sentados en el jardín, mirando a ver qué pasaba por tal oscura y silenciosa noche, bueno tan silenciosa no era más bien tenebrosa, porque así hallan luces prendidas o las música en lo alto, ellos podían ver como los perros se que quedaban escondidos con frio y miedo, ellos sentaditos juiciosos se quedaron ahí esperando a ver si el sol podía acabar de una vez por toda con la guachafitas que sus padres ocasionaban.
Helena estaba observando muy detalladamente como rosa y pablo se miraban, con esos ojos conquistadores y coquetos, no se dejaban e ver, estaban de esquina a esquina y eso se notaba a leguas, helena muy sigilosa no dejaba que la noten a ella, así que estos dos seguían y seguían coqueteándose, hasta que no aguantaron mas y se besan en medio de la fiesta, tal vez era lo mucho que se gustaban o también por los tragos pero no sabían lo que le estaban causando a la pobre helena, en medio de ello solo la madre de rosa se dio cuenta, Luciano el abuelo de helena los vio pero no dijeron nada, mejor se quedaron callados, sin pegar el grito al cielo por tal atrocidad, helena llorando entra silenciosamente a la cocina, sin que se den cuenta, pero Rosa María ya la había visto, aun así no le importo.
Helena no podía creer la maldad de estos dos, ella tenía un corazón muy dulce lleno de amor hacía pablo, pero aun así no sabía porque lo habían hecho, de todas maneras ella no quería hacer bochinche ni causar problema en medio de la fiesta.
El reloj de pared anunciaba quince minutos para las tres de la mañana, dun dun dun, replicaba el reloj, solo helena escucho tal ruidoso sonido, los demás muy concentrados en su baile no se dieron cuenta, helena se erizo y un rechinar de dientes le causo, sintió miedo, pero no le puso mayor cuidado…
En ese instante se despierta la abuela Rita, ella la ve llorando y le dice que porque tal sentimiento de tristeza tenia, le conto todo, la abuela también triste por aquel incidente, la consuela a su nieta, se quedan las dos abrazándose, y un dun dun dun dun dun mas largo le recordó a los tres niños que estaban con ella, así que le dice a helena que los valla a ver cómo y donde están…Así se fue helena a buscarlos en medio de la fiesta, pero no estaban, se encontraban aun sentados en el jardín esperando a ver si ya amanecía.
Helena miro como pablo y rosa cogidos de la mano pasaban ostentando su nueva relación, nadie les dio importancia, ya ebrios todos, unos tirados en el suelo, otros no tan mal seguían bailando, no le daban mayor importancia a nada solo les importaba su embriaguez y su pequeña felicidad; helena mira como pablo sale a la calle ebrio, sin poder ya pararse bien, gritaba a los cuatro vientos de que el amaba a helena, la amaba y no iba a dejar de amarla, Rosa con rabia miraba como helena contemplaba a pablo mientras ella se iba despidiendo de el sin perdonarlo entra a la casa y se va junto a su abuela Rita y deja que rosa valla tras de el.
Los pocos fiesteros que quedaban se entraron a la casa y en el jardín solo quedaron los niños sentaditos ellos juiciosos, aburridos mirando a los perritos con frio y miedo, siguieron ahí mirando a ver si por fin iba a salir el sol…
Pero solo miraron a pablo que caminaba lentamente hasta finalizar la cuadra, en esos momentos miraron como una túnica negra cubría algo que se elevaba, los perritos empezaron a ladrar y a llorar y los niños con miedo se tapaban los odios mientras golpeaban la puerta desesperadamente para que les abran… mientras se sentía como pablo con su coqueta risa se reía y por el final de la cuadra se perdía, abre la puerta la abuelita Rita y afanadamente les preguntan a los niños donde estaba pablo, ellos entraron rápidamente a la casa y junto a la abuela van ventanal que había, curiosamente se quedan mirando haber que pasaba después de esto, pobres ellos miran como unos tres bebes con sombreros grandes y desnudos salían corriendo y se colgaban de las rejas de la casa de al frente, no podían creer lo que estaban viendo hasta que ruta les dice que esos niños son duendecitos y que embrujaban a las mujeres que eran muy bonitas y con nombres de flores, uno de los niños grita muy duro “Rosa”, la abuela sale rápidamente y le grita ven inmediatamente para acá, ella ya estaba embrujada por tales duendes, solo corria atrás de ellos hasta que en lo oscuro se pierde.
Amanece y todos ya se dan por enterado de lo sucedido, se preocupan y no lo pueden creer, hablan y hablan y comentan que esas horas son las mas pesadas donde no se puede salir, angustiados todos rezando el rosario le piden a Dios que los regrese y que rompa a las malas fuerzas por tal hecho.
Ya era de noche y todos estaban reunidos mirando haber que pasaba, llevaron a un padre a orar por pablo y rosa, pero un toc toc, llama a la puerta y helena abre lentamente y mira a pablo, casi muerto, pálido, sin fuerzas cae desgonzado en brazos de ella, helena pide ayuda y todos van, ven la cara de pablo, su ropa desecha, lleno de tierra, y con un crucifijo en la mano…
Mientras el padre hace sanación en el, pablo despierta y abraza fuertemente a helena, y comenta que el en ese momento en que salió a la calle miro como una mujer hermosa, con unas curvas perfectas, ojos grises y cara de muñeca, le sonreía y le coqueteaba, le paso el brazo para llevarlo a su casa, el sin dudarlo se deja llevar de ella, al entrar a la casa de dicha mujer mira la lujosidad que tenia, cuadros, lámparas y unos sillones de terciopelo rojos, ella lo acomoda ahí y empieza a besarlo, y en esos momentos el se quita la camisa y mira una calavera que quería llevárselo al infierno, el asustadamente con el crucifijo que helena le había regalado empieza a rezar y mira como esta calavera se iba desvaneciendo, el se para de el supuesto sillón que en realidad era una tumba, sale corriendo casi sin fuerzas, y esa alma le replicaba que la próxima vez se lo iba a llevar al infierno.
Pablo contaba con tanto miedo lo sucedido que el prometió cambiar su forma de ser y no tomar más ni ser tan mujeriego, el padre lo bendijo para que todo salga bien en el, hasta que la madre de rosa fatigada interrumpe todo esto y le pregunta donde estaba rosa, el no sabía dónde estaba, así que no sabían qué hacer, sabían que se la había llevado los duendes, pero que se hacía al respecto, desesperadamente le dice al padre que ore mucho por ella y por su vida.
Pasan dos semanas y de nuevo tocan la puerta de la casa de helena abre la puerta la Abu Rita y era rosa junto a un campesino, con su ropa manchada de estiércol, olorosa, llena de trenzas su cabellera larga, pide auxilio así todos la socorren y le preguntan que paso, ella con miedo cuenta que los duendecitos la embrujaron y se la llevaron a un monte muy lejano, que con tambores y sonidos raros mas la dormían , y que al comer ella pensaba que eran manjares exquisitos y lo único que comía era excrementos de vaca, ella pudo salirse de ahí porque un campesino tenía un machete y empezó a hacer sonidos con él, así los duendes salieron de ese lugar dejándola tirada a María Rosa, así ella pudo salir y el campesino la pudo liberar de esos duendes, el campesino dejo diciéndoles que debían ponerle un vestido blanco y un machete en el pie de la cama de ella para que ellos se ahuyenten y no la vuelvan a buscar más.
Todos asombrados con lo que han contado, Replicaban porque había sucedido eso, si ellos estaban tan bien, en la fiesta, y no había ninguna complicación, así que la abuela Rita y el abuelo Luciano dijeron que era porque eran mujeriegos los hombres y las mujeres eran bellas, con cabelleras largas y con nombres de flor, por ello les había pasado eso.
Así la abuela Rita les dice a los niños que por eso debían portarse bien, sin herir sentimientos ni jugar con las personas, ni ser mujeriegos ni coquetos, sin creerse de lo que tienen físicamente porque en algún momento seres de esta vida o de la otra iban a hacerles caer en cuenta de lo que han hecho para que se arrepientan y no lo vuelvan a hacer.